jueves, 25 de febrero de 2010

Hace poco he leído: After Dark (Haruki Murakami, 2008)

Sinopsis: Cerca ya de medianoche, Mari, sentada sola a la mesa de un restaurante, se toma un café, fuma y lee. Un joven la interrumpe: es Takahashi, un músico al que ha visto una única vez, en una cita de su hermana Eri, modelo profesional. Ésta, mientras tanto, duerme en su habitación, sumida en un sueño profundo, «demasiado perfecto, demasiado puro». Mari ha perdido el último tren de vuelta a casa y piensa pasarse la noche leyendo en el restaurante; Takahashi se va a ensayar con su grupo, pero promete regresar antes del alba. Mari sufre una segunda interrupción: Kaoru, la encargada de un «hotel por horas», solicita su ayuda. Mari habla chino y una prostituta de esa nacionalidad ha sido brutalmente agredida por un cliente. Dan las doce. En la habitación donde Eri sigue sumida en una dulce inconsciencia, el televisor cobra vida y poco a poco empieza a distinguirse en la pantalla una imagen turbadora: una amplia sala amueblada con una única silla en la que está sentado un hombre vestido de negro. Lo más inquietante es que el televisor no está enchufado...

Comentario: “After Dark” es una obra relativamente corta que, no obstante, nos presenta multitud de personajes interesantes. Es una lástima que no se llegue a profundizar demasiado en algunos de ellos, especialmente en el personal del “Love Hotel”. Creo que se merecerían tener su propia novela, una especie de “spin-off” como en las series de televisión.
La historia transcurre durante toda una noche: comienza a las 0:00 y termina a las 7:00, y gira alrededor de una serie de personajes que no pueden, no deben o no quieren dormir, excepto Eri, que no puede, no debe o no quiere despertar.
Mari y Eri, a pesar de ser hermanas, son totalmente diferentes. Podría decirse que Eri, la mayor, es una triunfadora: bella modelo, popular, muy apreciada por su familia y por su entorno social. Sin embargo, se nos da a entender que por alguna razón en un momento dado decidió apartarse del mundo. Por otro lado, Mari, mucho más discreta quizás, es una chica introvertida, tímida, buena estudiante.
En algún momento de su infancia o juventud las dos hermanas se distanciaron, y con el paso de los años la brecha que las separaba se convirtió en un abismo.

El distanciamiento entre hermanos me parece un tema muy interesante en la sociedad de hoy en día. Los hermanos a menudo crecen juntos y, sin embargo, no son pocos los casos en que al llegar la adolescencia desarrollan personalidades tan diferentes y se distancian tanto que cuando alcanzan la edad adulta terminan siendo auténticos desconocidos con el único nexo común de los padres. Es común aceptar como verdad irrefutable que la gran mayoría de los padres quieren, educan y respetan a todos sus hijos de la misma manera. Personalmente me parece una falacia mayúscula. Los hijos llegan en momentos diferentes, nacen en circunstancias diferentes y sus caracteres tienen matices diferentes, por lo tanto, reciben un trato diferente.

La verdad, no esperaba gran cosa de este libro. Decidí leerlo porque estaba próximo un viaje a Japón, y me pareció una buena manera de acercarme al lado más oscuro y humano de una megalópolis como Tokio, que más tarde exploraría de primera mano. La lectura es ágil y amena, la prosa de Murakami es sobria, y tan cinematográfica que en ocasiones me parecía estar tras la lente de una cámara mientras el director me decía hacia donde debía enfocar. En una historia tan onírica y surrealista, ese director bien podría ser, por ejemplo, David Lynch.

Lo compré en inglés porque pensé que la traducción sería más fiel al texto original. Hace unos meses, una chica que acababa de conocer me pidió prestado el libro. Me confesó que apenas habla inglés, así que supuse que me lo pidió como una excusa para volverme a ver. Me equivoqué por completo, todavía no me lo ha devuelto.

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