martes, 30 de marzo de 2010

Vidas intensas, muertes gloriosas: Ambrose Bierce


Ambrose Gwinett Bierce nació en Ohio, Estados Unidos, el 24 de junio de 1842 y creció en el estado de Indiana. Al comienzo de la Guerra Civil Estadounidense se alistó en el 9º de Voluntarios de Infantería de ese estado. Tras participar en varias batallas y ser herido de gravedad, se licencia en 1865.

Se casó en 1871 y se divorció en 1904. Ejerció el periodismo en diversas ciudades de Estados Unidos y Gran Bretaña. Durante esa época escribe la mayor parte de su obra literaria, compuesta fundamentalmente por relatos cortos de género terrorífico, muy al estilo de Edgar Allan Poe. Su estilo es pesimista e irónico, revelando una fuerte misantropía. Su obra más conocida es el Diccionario del Diablo.

En octubre de 1913, el septuagenario Bierce partió de Washington D.C. para recorrer los viejos campos de batalla de la Guerra Civil. En diciembre cruzó a México por El Paso, que por entonces estaba en plena revolución. En Ciudad Juárez se unió al ejército de Pancho Villa como observador, llegando hasta Chihuahua, donde se desvanece su rastro. La última noticia cierta fue una carta que escribió a un amigo íntimo, fechada el 26 de diciembre. Se trata de una de las desapariciones más famosas de la historia de la literatura. Aunque desde entonces se han lanzado muchas teorías, el misterio permanece.

Antes de partir con rumbo a México, en una carta fechada el 1 de octubre de 1913, escribió a una de sus familiares en Washington: «(...) Adiós — si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México — ¡ah, eso sí es eutanasia! (...)».

La Enciclopedia Británica aventura que pudo ser asesinado en el sitio de Ojinaga (enero de 1914). En efecto, un documento de la época consigna la muerte en esta batalla de «un gringo viejo». La fecha generalmente aceptada de su muerte es 1914. La tradición oral de la villa de Sierra Mojada, Coahuila, documentada por el Padre Jaime Lienert, atestigua que Ambrose Bierce fue ejecutado por fusilamiento en el cementerio del pueblo.

En estos tiempos de candentes debates acerca de lo que se debe entender o no como una muerte digna, no se me ocurre un mejor final para una vida que el de Ambrose Gwinett Bierce.

viernes, 26 de marzo de 2010

Hoy he vuelto a ver: Beautiful Girls (Ted Demme, 1996)


ATENCIÓN!! el siguiente texto puede contener spoilers, no recomiendo que lo leas si todavía no has visto la película.

Sinopsis: Con motivo de una reunión de antiguos alumnos Willie Conway, un chico de 29 años, regresa a su hogar en la pequeña ciudad de Jnight´s Ridge. Allí va a pensar sobre su futuro, porque no sabe si abandonar su deseo de ser pianista o convertirse en representante de ventas, y de paso va a replantearse su relación con su novia Tracy y su juventud, que se le empieza a escapar de las manos.

Comentario:
Durante los años 90 del pasado siglo se celebró a bombo y platillo en todo el mundo el centenario del nacimiento del llamado Séptimo Arte. No obstante, salvo honrosísimas excepciones, la producción cinematográfica durante esa década fue paupérrima en cuanto a calidad. La película que hoy nos ocupa es, a mi juicio, una de las que se salvan de la quema.
La dirige de forma soberbia Ted Demme (Blow), el “hermanísimo” de Jonathan (El Silencio de los Corderos, Philadelphia). Ted fallecería de forma repentina en 2002 con tan sólo 38 años. Sin duda una gran pérdida ya que parecía llamado a hacer grandes cosas en la profesión.
A pesar de una buena acogida por parte de la crítica, el filme no obtuvo galardones de renombre, contando tan sólo con un premio al mejor guión en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

La historia se centra en la llamada crisis de los 30, o las dificultades del paso de la juventud a la madurez, cuando las circunstancias obligan a asumir nuevas responsabilidades y aceptar que no todos los sueños e ilusiones de antaño van a verse cumplidos.
Es una película coral repleta de buenos actores y actrices. Algunos fueron jóvenes promesas del cine en los 80 y se quedaron en el camino, otros eternos secundarios y otros estrellas en ciernes que acabarían por triunfar unos años después.

Aquí cada personaje es importante y está perfectamente definido y diferenciado de los demás. Hagamos un pequeño análisis de los mismos:
- Willie (Timothy Hutton): regresa a su pueblo natal con una mezcla de nostalgia y desazón, atormentado por las dudas, ligeramente insatisfecho con su vida y con una profunda crisis de madurez.
- Marty (Natalie Portman): una vecina de 13 años, como contrapunto al bohemio Willie, es excesivamente madura para su edad.
- Tommy (Matt Dillon): gran amigo de la infancia de Willie, que en su momento fue el chico más popular del instituto pero que al llegar a la edad adulta se quedó estancado en una vida afectiva insatisfactoria. Hace daño a su novia y termina por dañarse a sí mismo. Es mi personaje favorito porque se me hace ciertamente familiar, y seguro que en algún momento todos hemos conocido alguien parecido, a quien adoramos como amigo pero que no querríamos como cuñado.
- Mo (Noah Emerrich): otro amigo de la infancia del protagonista, pero este, en cambio, felizmente casado y padre de dos hijos. Es el que pone la nota de cordura en el grupo, aunque en ocasiones parece sentirse reprimido.
- Sharon (Mira Sorvino): la engañada novia de Tommy. Está enamoradísima de ese macarrilla y sufre por ello con la esperanza de hacerlo cambiar.
- Gina (Rosie O’Donell): amiga de Sharon, la ayuda y protege en los peores momentos. Con su verborrea azota sin piedad las conciencias machistas del elenco masculino.
- Paul (Michael Rapaport): el tercer amiguete del prota, y también el más inconsciente y descerebrado. Al principio su novia lo abandona por su reticencia al compromiso. Sigue viviendo casi como un adolescente y está obsesionado con las modelos, de las cuales tiene fotos por toda su habitación.
- Andrea (Uma Thurman): la sobrina del dueño del bar donde se suelen reunir los chicos. Al igual que Willie procede de la gran ciudad y sólo está de visita en el pueblo, por lo cual tienen cierta afinidad.
- Y podríamos seguir así con algunos personajes más…..
Si nos centramos en el asunto de la madurez, se podría hacer una especie de gradación entre los personajes masculinos, más o menos así (ordenados de menor a mayor): Paul-Tommy-Willie-Mo. Después de ver la película, prueben a hacer un análisis similar con su grupo de amiguetes de la infancia/juventud. Se sorprenderán.

Lo mejor: el ágil guión, las correctas interpretaciones y, por supuesto, que en España no hayan cometido la torpeza de traducir el título, ya que hace referencia a una canción de Sean Kingston.
Lo peor: la historia se desarrolla en un entorno excesivamente “yankee” para nuestro gusto: pueblo de la América profunda, fiesta aniversario de la High School, etc.
Las frases: "Hay cuatro palabras que necesito oír antes de irme a dormir. Cuatro palabras: Buenas noches dulce niña".
"Eh Marty. Espero que sigamos en contacto, porque me gustara saber lo que estés haciendo; ya que pienso que sea lo que sea, va a ser increible".
“Y ahora dejadme que os explique algo. Chicas con tetas grandes: culos grandes; chicas con tetas pequeñas: culos pequeños. Así es como funciona.Dios no va jodiendo la marrana por ahí: es un tío legal. Le dio a las gorditas tetas grandes y bonitas, y a las flacuchas, tetas canijas.Esa regla no la puse yo, así que si no os gusta llamadme”.
“Hay que tomar las decisiones basándose en lo que uno quiere, no en lo que uno no quiere”.

viernes, 12 de marzo de 2010

Cinco minutos para la poesía: veinte poemas de amor y una canción desesperada (Pablo Neruda, 1924)

Continuando con el ciclo chileno, considero justo y necesario rendirle un homenaje literario con esta entrada. Además, ya sea por casualidad o causalidad, precisamente hoy sentí la necesidad de releer algunas de las composiciones de este poemario, sin duda el más clásico y popular de Neruda. Ahí va uno de mis favoritos:

"Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fuí solo como un tunel. De mi huían los pájaros
y en mi la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en
mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho!Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis!Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito."

miércoles, 10 de marzo de 2010

Te recuerdo, Chile (I): alocado y frenético viaje


Comenzaba el mes de diciembre y en Europa ya hacía frío. El viaje estaba previsto desde hacía algunas semanas, pero de todos modos, como es habitual en mi, no preparé el equipaje hasta el día de la partida y como consecuencia de ello casi llego tarde al aeropuerto, algo que, como comprobé poco después, no hubiera importado demasiado.


Lo previsto inicialmente era volar a París, de allí a Buenos Aires y, finalmente Santiago de Chile, cosas de la economía. Sin embargo, la climatología provocó un retraso que más tarde se convirtió en cancelación, dando al traste con mis planes y dejándome con una mezcla de impotencia y resignación. Cuando ya veía medio viaje perdido, a última hora la compañía consiguió reubicarme en un vuelo directo Madrid-Santiago de Chile. Una de las grandes ventajas de viajar solo es la flexibilidad de la que gozas en contingencias como esta.

El avión iba lleno, el vuelo era tremendamente largo, y suelo ser incapaz de dormir en tales circunstancias. A pesar de ello se me hizo muy ameno. La mayor parte del trayecto la pasé en la parte posterior del aparato, donde se suele instalar un autoservicio de bebidas, charlando al principio con las simpáticas y jovencitas azafatas, y después con un joven chileno que regresaba a su país desde Nigeria y con una anciana argentina que vivía en Israel. Siempre es interesante intercambiar anécdotas de viajero.


Cuando llegué al aeropuerto Arturo Merino Benítez iba preparado para armarme de mucha paciencia. Mi anterior viaje a Latinoamérica había sido a Venezuela y todavía recordaba vívidamente el caos del aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Para mi sorpresa, los trámites fueron realmente ágiles y eficientes. Recuerdo que, el oficial de inmigración reparó en mi visado japonés y me despidió con un simpático “arigatou Charlie”. Comprendí que en este país debería abandonar todos mis prejuicios, si es que todavía conservaba alguno.

Lo previsto inicialmente era que mi gran amiga Antonia, a quien había conocido en España nada menos que 7 años antes, fuese a recogerme al aeropuerto. Sin embargo, debido a la cancelación del vuelo original y la reubicación en uno más directo, había llegado a Chile 3 horas antes de lo previsto. Mis intentos de comunicarme con mi amiga por vía telefónica fueron totalmente infructuosos, su teléfono móvil no daba señal y mi emoción inicial se estaba transformando en inquietud e incertidumbre. En aquel momento me encontraba solo en un país extranjero, sin grandes planes y con una guía de viaje que apenas había podido ojear y una dirección como únicas referencias.


No me lo pensé mucho y tomé el autobús más barato para transportarme al centro de la capital. Una vez allí no fue difícil determinar la línea de metro más conveniente para llegar a mi destino. Tras un pequeño paseo callejeando con mi mochila a la espalda y mapa en mano cual turista despistado, conseguí ubicar el edificio donde residían mis amigas.

Recuerdo la perplejidad dibujada en el rostro del portero del edificio al presentarme ante él. Supongo que mi aspecto no era el más decente después de una jornada de prisas, aeropuertos, nervios, insomnio, caminatas, jet-lag y tránsito de un frío otoño a una tórrida primera.

- “Buenos días señor, ¿qué desea?”
- “Buenos días, me dirijo al apartamento de las hermanas Ríos” (y rezando para que hubiera alguien en casa).
- “¿Y a quién debo anunciar”
- “Al Rey de Siam-eso fue un pensamiento, pero me mordí la lengua- a Charlie MarloW”
- “Muy bien, un momento […] listo, puede subir. Es usted español, ¿cierto?”
- “En efecto. Muchas gracias y que pase un buen día”
- “Gracias a usted, y que el Villarreal salga campeón de Liga” (¿???)

Mi amiga me abrió la puerta todavía en pijama, somnolienta (era un sábado por la mañana) e incrédula. “¡¡¡Bienvenido a Chile!!!”

martes, 9 de marzo de 2010

Vidas intensas, muertes gloriosas: Irvine&Mallory


George Herbert Leigh Mallory nació en Inglaterra en 1886. Estudió historia en Cambridge, donde trabaría amistad con personajes de la talla de J.M. Keynes o Robert Graves. En 1914 tomó parte en la Primera Guerra Mundial, donde alcanzaría el grado de Teniente.

Su vida alpinística comienza en las montañas de Gales, para pasar a los Alpes y a partir de los años 20 al entonces misterioso y desconocido Himalaya. Toma parte en 3 expediciones al Everest, la última en 1924.

Andrew Irvine nace en Inglaterra en 1902. Estudia ingeniería en Oxford, donde se destacó como un gran deportista. En 1923 es elegido para tomar parte en la tercera expedición británica al Everest, contando con sólo 21 años.

En 1923 Mallory emprende una gira por América para promocionar su próxima expedición al Everest, donde se encuentra con la incomprensión generalizada. Dice la leyenda que, al ser preguntado de cual es la razón última de querer escalar esa cumbre, él se limitó a contestar: “porque está ahí”.

La expedición de 1924 se encontró con numerosas dificultades: el comandante, Charles Bruce, no tardó en enfermar, delegando la responsabilidad en los escaladores de la expedición Somervell, Norton y Mallory. Los dos primeros, agotados y enfermos por una operación de rescate a unos sherpas, no tardaron en fracasar en su intento de hacer cumbre. Así llego el turno de Mallory, quien a sus 38 años tenía claro que esta sería su última oportunidad de alcanzar el techo del mundo. Así lo revelan sus últimas anotaciones:

"La suerte está echada. De nuevo por última vez avanzamos por el glaciar de Rongbuk en pos de la victoria o de la derrota final"

El 7 de junio, acompañado por el joven Irvine y algunos porteadores, parte hacia la cumbre por la arista noroeste. Instalan el último campamento a 8160 msnm, tras lo cual los porteadores descienden. Al día siguiente los dos alpinistas parten hacia la cumbre. Desde su campamento en el collado norte, Noel Odell seguía la progresión de los dos hombres con un telescopio. Suyo es el último testimonio:

“Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Éste se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto; el segundo le imitó. Entonces toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más, envuelta en nubes”.

Después de aquello nunca se supo más de Mallory e Irvine. En los días siguientes Odell los buscó desesperadamente. Subió en dos ocasiones hasta el C6, pero no estaban allí. Él estaba seguro de haberlos visto superar el segundo escalón (aunque con varias horas de retraso), por lo que siempre defendió la tesis de que antes de morir, habían alcanzado la cumbre.

La historia da paso a la leyenda, y la leyenda al mito. Tras décadas sin noticias, en 1960 un escalador chino declara haber visto el cuerpo de Irvine. Algo parecido declarará un compatriota suyo en 1979. En ambos casos fue imposible precisar la localización exacta.

Finalmente, el 1 de abril de 1999 una expedición dirigida por Eric Simonson se desplazó a la vertiente norte del Everest para tratar de encontrar los cuerpos de Mallory e Irvine, aprovechando el bajo índice de nevadas de ese año. Su objetivo era dar una respuesta a la pregunta que desde hacía 75 años intrigaba a la comunidad alpinística mundial: ¿llegaron Mallory e Irvine a la cima del Everest en 1924? Un mes después, el 1 de mayo, la expedición encontró por fin el cuerpo de Mallory. Estaba en buen estado de conservación, boca abajo, a unos 521 m de la cumbre. Tenía la tibia y el fémur de la pierna izquierda rotos. Como el hallazgo no resolvía la incógnita, los miembros de la expedición buscaron con ahínco la cámara de fotos que portaba Mallory. Técnicos de Kodak habían asegurado que debido al tipo de película que se usaba en aquellos años, y a la conservación a bajas temperaturas, aún sería posible revelar las fotos que se hubieran hecho en la cumbre.

El mismo grupo que encontró el cuerpo de Mallory volvió a la montaña en 2001. Ese año encontraron el campamento C6 establecido por los pioneros el día anterior a su muerte, pero no pudieron dar con el cuerpo de Irvine. En 2004 y 2005 nuevas expediciones trataron de dar una respuesta al misterio de Mallory, pero no pudieron aportar nada nuevo.

La polémica acerca de si consiguieron o no hacer cumbre continúa hoy en día. Así, la hija de Mallory aseguró que su padre llevaba una foto de su mujer para dejarla en la cumbre de la montaña. Como dicha foto no fuera encontrada con el cuerpo, hay quien piensa que tal vez la abandonase efectivamente al hacer cima, para morir después en el descenso. Otros defienden que Mallory no llevaba puestas sus gafas de sol. Como Norton había padecido ceguera de las nieves en su anterior intento, tanto Mallory como Irvine ascendían con gafas de sol. Si no las llevaba puestas al morir, es posible que se debiera a que ya era de noche. Es poco probable que Mallory no hubiera abandonado si hubiese estado aún a 500 m de la cima al anochecer. La muerte pudo producirse pues al descender.

Por otro lado, los más escépticos alegan que debido a la extrema dificultad del segundo escalón de la arista noroeste (el paso de dificultad técnica más alta del mundo, no superado hasta 1960), habría sido totalmente imposible superarlo con las botas de clavos de aquella época y un equipo de 20 kg en la espalda. Entre los defensores de esta tesis se encuentra el mayor mito del alpinismo, Reinhold Messner.

Sea como fuere, toda la gloria y el reconocimiento para aquellos que entregaron su vida por un sueño, e hicieron de las altas cumbres su última morada.

miércoles, 3 de marzo de 2010

¡Viva Chile, mierda!

Cuando abrí este blog, mi objetivo estaba muy lejos de publicar o comentar noticias de actualidad. Sin embargo, en esta ocasión me resulta imposible no hacer referencia a la catástrofe acontecida en Chile como consecuencia del segundo seísmo de mayor intensidad registrada en toda la historia.

Llevo ese país en mi corazón desde que tuve la suerte de visitarlo hace algunos años. Todos mis viajes han sido especiales y diferentes, pero si tuviera que destacar algo de mi paso por Chile, diría que ha sido el país donde menos extranjero me he sentido, donde fui acogido con una hospitalidad que recordaré siempre, y donde hice amistades, y reafirmé otras que ya existían, para toda la vida.

Esta mañana he leído un artículo de Antonio Caño en El País, con el que no puedo estar más de acuerdo. Lo transcribo a continuación:

“En los últimos años han sido frecuentes y merecidos los elogios a Chile por la sabia conducción de su democracia y su economía. Eso es mérito, en gran medida, del carácter humilde y práctico de un pueblo que se ve ahora frente a uno de los mayores retos de su historia.

La laboriosidad de los chilenos es prototípica en América Latina. El respeto mundial a Chile y la presencia de sus ciudadanos en áreas de responsabilidad internacional excede con mucho al peso que el país tiene por tamaño y población. Actualmente, sólo en Washington, hay un chileno al frente de la OEA, otro como máximo responsable de la política latinoamericana en el Departamento de Estado y otro como el principal asesor del liderazgo republicano en el Senado. Varios esperan cargos relevantes en los próximos meses y muchos más ocupan posiciones dirigentes en el sector público, universidades y centros de influencia. En Europa se pueden citar multitud de casos similares desde Suecia a España.

En América Latina a veces los chilenos producen más envidia que admiración. Sus vecinos argentinos, que los han ignorado por décadas, se atormentan ahora con un complejo de inferioridad. Por el norte, Perú y Bolivia no han superado el rencor de conflictos pasados y siguen identificando a Chile con sus demonios. Los mismos chilenos que nosotros vemos prudentes y discretos, algunos latinoamericanos los ven sigilosos y taimados.

Las cualidades del pueblo chileno son capaces, sin embargo, de resplandecer por encima de todas las dudas. El valor con el que combatieron la dictadura sólo es comparable al virtuosismo con el que la liquidaron. Su capacidad para conciliar razas, ideas y credos es un ejemplo y una garantía de su propio progreso. Saldrán fortalecidos de este desastre. Lo superarán con sus armas de siempre: su tenacidad y su modestia. Aunque los éxitos de los últimos años les han dado a los chilenos una mayor confianza en sí mismos, no les gusta presumir de sus propias virtudes y paganizan su orgullo nacional con el incomparable grito de ¡Viva Chile, mierda!”


En los próximos días espero tener tiempo para escribir acerca de los recuerdos que conservo de mi viaje a Chile.

lunes, 1 de marzo de 2010

Cinco minutos para la poesía: Annabel Lee (Edgar Allan Poe, 1849)

Hace ya bastantes años, en un reino más allá de la mar vivía una niña que podéis conocer con el nombre de Annabel Lee. Esa niña vivía sin ningún otro pensamiento que amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño y ella era una niña en ese reino más allá de la mar; pero Annabel Lee y yo nos amábamos con un amor que era más que el amor; un amor tan poderoso que los serafines del cielo nos envidiaban, a ella y a mí.

Y esa fué la razón por la cual, hace ya bastante tiempo, en ese reino más allá de la mar un soplo descendió de una nube, y heló a mi bella Annabel Lee; de suerte que sus padres vinieron y se la llevaron lejos de mí para encerrarla en un sepulcro, en ese reino más allá de la mar.

Los ángeles que en el cielo no se sentían ni la mitad de lo felices que éramos nosotros, nos envidiaban nuestra alegría a ella y a mí. He ahí porque (como cada uno lo sabe en ese reino más allá de la mar) un soplo descendió desde la noche de una nube, helando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era más fuerte que el amor de aquellos que nos aventajan en edad y en saber, y ni los ángeles del cielo ni los demonios de los abismos de la mar podrán separar jamás mi alma del alma de la bella Annabel Lee.

Porque la luna jamás resplandece sin traerme recuerdos de la bella Annabel Lee; y cuando las estrellas se levantan, creo ver brillar los ojos de la bella Annabel Lee; y así paso largas noches tendido al lado de mi querida, —mi querida, mi vida y mi compañera,— que está acostada en su sepulcro más allá de la mar, en su tumba, al borde de la mar quejumbrosa.