viernes, 26 de febrero de 2010

Recuerdos de instituto: el “profe” de dibujo

Recuerdo mi época de instituto, en general, con cierta frustración. Desde la perspectiva que me otorga el paso del tiempo, me veo por aquel entonces como una persona excesivamente aprensiva respecto al futuro, como si me hubiera cargado con una responsabilidad impropia para mi edad. Creo que debí haber sido un poco más hedonista y disfrutado de mi juventud sin pensar en nada más, como hacían la mayoría de mis compañeros.

Por otro lado, aprender era para mi el paraíso. Me gustaba aprender por aprender. Algunos de mis profesores no eran muy buenos enseñando, y en algunas materias tuve que convertirme en autodidacta. De otros profesores guardo un buen recuerdo más que por sus capacidades pedagógicas, por su valor humano. Esos profesores que te marcan y que, cuando evocas aquella época, no puedes evitar recordarlos con una sonrisa. Uno de ellos es Fran, el profe de dibujo.
No se puede decir que Fran fuese un gran pedagogo. Al menos no fue lo suficientemente bueno para que yo llegase a comprender y dominar los entresijos del dibujo técnico. No obstante, en su defensa debo reconocer que desde mi más tierna infancia mi talento y habilidad para cualquier tipo de trabajo manual han sido siempre nulos. Soy un amante de la ilustración, y uno de mis sueños recurrentes es haber llegado a dibujar mi propio cómic, pero he tenido que conformarme con ser un simple aficionado.

Por encima de su capacidad docente, es innegable que este profesor dominaba sobradamente la materia que impartía. Animado, o quizás presionado por su familia, se gradúo en la durísima carrera de Arquitectura, la cual apenas llegó a ejercer, renunciando a ganar una buena cantidad de dinero al amparo del boom inmobiliario. Liberado de la tiranía de la codicia, coqueteó con el teatro y trabajó como ilustrador para multitud de publicaciones. Semejante currículum es más que suficiente para ganarse mi más profundo respeto.

Como en este país, por desgracia, el arte rara vez da de comer, tuvo que combinarlo con la docencia, un trabajo que, según confesaba, le resultaba muy gratificante, aunque yo creo que no tanto por la enseñanza en sí, sino porque esta especie de “niño grande” se sentía más a gusto entre un grupo de muchachos en plena edad del pavo que entre responsables adultos de su edad. Eran inolvidables los “partidillos” de fútbol semanales que organizaba al salir de clase. Su determinación convencía para quedarse a jugar hasta las tantas incluso a los más alérgicos al deporte, como yo o mi amigo Javi. Recuerdo que, tras el partido nos acercaba a casa en su coche. En ocasiones en mitad del trayecto se bajaba a comprar tabaco, en camiseta sudada y pantalones cortos, sin importarle que fuese una noche de pleno invierno. En alguna ocasión me lo encontré patinando cerca de la playa, o cantando con su grupo de rock en un festival de barrio.

Años después de abandonar el instituto, recibí una llamada de mi amigo Javi. Se había enterado por los periódicos de que El Profe acababa de publicar su primer cómic y lo presentaban esa misma tarde en un centro comercial. Allí nos presentamos y al momento nos reconoció. Conservo como oro en paño ese cómic, “Cita na Habana”, con la dedicatoria que me hizo: “para mi amigo Charlie, en recuerdo de los partidillos de fútbol y las (áridas) clases de dibujo.”

Cita na Habana recupera el sabor del mejor cómic clásico europeo. Narra los avatares de Maxi Torres, un intrépido joven que por algún motivo sentimental, se alista voluntario para la Guerra de Cuba. Este carismático y romántico personaje tiene mucho en común con el eterno Corto Maltés y, por que no, con el propio autor de la historia.

Las aventuras de nuestro héroe, o como prefiere definirlo el autor, antihéroe, continúan en “Campos de Cuba” y concluyen en “Terra Libre”, conformando una magnífica trilogía. Una manera inmejorable de culminar el sueño de El Profe: llegar a crear su propia historia.

jueves, 25 de febrero de 2010

Hace poco he leído: After Dark (Haruki Murakami, 2008)

Sinopsis: Cerca ya de medianoche, Mari, sentada sola a la mesa de un restaurante, se toma un café, fuma y lee. Un joven la interrumpe: es Takahashi, un músico al que ha visto una única vez, en una cita de su hermana Eri, modelo profesional. Ésta, mientras tanto, duerme en su habitación, sumida en un sueño profundo, «demasiado perfecto, demasiado puro». Mari ha perdido el último tren de vuelta a casa y piensa pasarse la noche leyendo en el restaurante; Takahashi se va a ensayar con su grupo, pero promete regresar antes del alba. Mari sufre una segunda interrupción: Kaoru, la encargada de un «hotel por horas», solicita su ayuda. Mari habla chino y una prostituta de esa nacionalidad ha sido brutalmente agredida por un cliente. Dan las doce. En la habitación donde Eri sigue sumida en una dulce inconsciencia, el televisor cobra vida y poco a poco empieza a distinguirse en la pantalla una imagen turbadora: una amplia sala amueblada con una única silla en la que está sentado un hombre vestido de negro. Lo más inquietante es que el televisor no está enchufado...

Comentario: “After Dark” es una obra relativamente corta que, no obstante, nos presenta multitud de personajes interesantes. Es una lástima que no se llegue a profundizar demasiado en algunos de ellos, especialmente en el personal del “Love Hotel”. Creo que se merecerían tener su propia novela, una especie de “spin-off” como en las series de televisión.
La historia transcurre durante toda una noche: comienza a las 0:00 y termina a las 7:00, y gira alrededor de una serie de personajes que no pueden, no deben o no quieren dormir, excepto Eri, que no puede, no debe o no quiere despertar.
Mari y Eri, a pesar de ser hermanas, son totalmente diferentes. Podría decirse que Eri, la mayor, es una triunfadora: bella modelo, popular, muy apreciada por su familia y por su entorno social. Sin embargo, se nos da a entender que por alguna razón en un momento dado decidió apartarse del mundo. Por otro lado, Mari, mucho más discreta quizás, es una chica introvertida, tímida, buena estudiante.
En algún momento de su infancia o juventud las dos hermanas se distanciaron, y con el paso de los años la brecha que las separaba se convirtió en un abismo.

El distanciamiento entre hermanos me parece un tema muy interesante en la sociedad de hoy en día. Los hermanos a menudo crecen juntos y, sin embargo, no son pocos los casos en que al llegar la adolescencia desarrollan personalidades tan diferentes y se distancian tanto que cuando alcanzan la edad adulta terminan siendo auténticos desconocidos con el único nexo común de los padres. Es común aceptar como verdad irrefutable que la gran mayoría de los padres quieren, educan y respetan a todos sus hijos de la misma manera. Personalmente me parece una falacia mayúscula. Los hijos llegan en momentos diferentes, nacen en circunstancias diferentes y sus caracteres tienen matices diferentes, por lo tanto, reciben un trato diferente.

La verdad, no esperaba gran cosa de este libro. Decidí leerlo porque estaba próximo un viaje a Japón, y me pareció una buena manera de acercarme al lado más oscuro y humano de una megalópolis como Tokio, que más tarde exploraría de primera mano. La lectura es ágil y amena, la prosa de Murakami es sobria, y tan cinematográfica que en ocasiones me parecía estar tras la lente de una cámara mientras el director me decía hacia donde debía enfocar. En una historia tan onírica y surrealista, ese director bien podría ser, por ejemplo, David Lynch.

Lo compré en inglés porque pensé que la traducción sería más fiel al texto original. Hace unos meses, una chica que acababa de conocer me pidió prestado el libro. Me confesó que apenas habla inglés, así que supuse que me lo pidió como una excusa para volverme a ver. Me equivoqué por completo, todavía no me lo ha devuelto.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Vidas intensas, muertes gloriosas: Percy Fawcett


El Coronel Fawcett nació en Inglaterra en 1867. Su padre, miembro de la Sociedad Real de Geografía, le transmitió su amor por la aventura y las exploraciones.
Desde muy joven se enroló en el ejército, siendo destinado a Ceilán (donde conoció a su mujer) y al norte de África.
En 1906 llega por primera vez a Sudamérica, al mando de una expedición encargada de delimitar las fronteras entre Bolivia y Brasil. Durante tres años sufren el hostigamiento de tribus hostiles y peligrosos animales, atraviesan la naturaleza salvaje, sufren accidentes, padecen hambre, etc. Los relatos de estas expediciones inspirarían a su amigo Arthur Conan Doyle para escribir El Mundo Perdido.
Fascinado por Sudamérica, abandona el ejército renunciando a una vida cómoda en Europa, al considerarlo un continente en decadencia sin nada que ofrecerle, y prosigue con las exploraciones financiándolas por su cuenta o con el patrocinio de diversos periódicos.

En total encabeza siete expediciones a la zona, entre 1906 y 1924, con un breve paréntesis para combatir en la I Guerra Mundial.

En Brasil recopila diversos relatos y leyendas de antiguos exploradores, así como cerámicas y otros objetos arqueológicos de procedencia desconocida. En especial se interesa por la experiencia de un tal Francisco Raposo que relata que en 1743 tuvo acceso a una Ciudad Perdida cuando se encontraba con sus hombres buscando las minas perdidas de Muribeca. Fawcett cree firmemente la existencia de dicha ciudad, a la que denomina “Z”, una convicción que llegará a convertirse en obsesión.

Tras varias expediciones fallidas, en 1925 organiza la que sería la última. Se interna en el Mato Grosso acompañado entre otros por su hijo mayor Jack, y un amigo de éste, Raleigh Rimell. Consciente de los peligros que afrontarían, dejo dicho que si no regresaban no debería enviarse ninguna otra expedición de rescate.

El 29 de mayo de 1925, desde el campamento bautizado Caballo Muerto en el Mato Grosso, Fawcett enviaría un postrero mensaje a su esposa. Despidieron (con sus cartas) a los porteadores que les habían ayudado hasta allí y se adentraron solos en territorio desconocido. Eso fue lo último que se supo de ellos, ya que desaparecieron en la selva y nadie más les volvió a ver de nuevo. Un final GLORIOSO.

Contrariamente a los deseos del Coronel, durante los próximos años se organizaron numerosas expediciones de socorro, sin resultado alguno. Muchos de estos expedicionarios también desaparecerían en extrañas circunstancias. El destino de los exploradores se convierte en leyenda. Surgen rumores que hablan de un anciano blanco errante por las selvas, o de indios blancos descendientes de europeos. Otros aseguran que fueron asesinados por los indios calapos, o bien hechos prisioneros por otras tribus. Los más fantasiosos afirman que el Coronel en realidad había encontrado una fabulosa ciudad perdida al estilo de El Dorado, o la entrada al mítico reino subterraneo de Akakor, y se habría quedado allí, bien por la fuerza o por propia voluntad.

En 1951 el brasileño Orlando Vilas contacta con los calapos y llega a fotografiar un cráneo que asegura corresponde al de Fawcett.

La leyenda de la misteriosa desaparición de Fawcett continuó viva durante décadas y hasta en fecha tan reciente como 1996 se organizó la última expedición conocida en busca de las huellas del coronel. Pero René Delmotte y James Lynch tampoco pudieron llegar muy lejos porque una tribu indígena les retuvo durante varios días amenazando con matarles. Al final pudieron salvar las vidas pero perdieron el equipo valorado en 30.000 dólares.

Después de setenta años de su desaparición, la jungla aún se muestra muy peligrosa para los que se aventuran a intentar seguir los pasos del intrépido y evanescente coronel Percy H. Fawcett, uno de esos hombres hechos de otra pasta, que en lugar de dedicar su existencia a huir de la inevitable muerte, prefirió enfrentarse a ella con honor y valentía.

martes, 23 de febrero de 2010

Cinco minutos para la poesía: Las Flores del Mal (Charles Baudelaire, 1857)

‘Una noche en que estaba con una horrible Judía, como un cadáver tendido junto a otro, pensaba, al lado de aquel cuerpo vendido, en esta triste belleza de la cual mi deseo se priva.’

Hoy he vuelto a ver: Yakuza (Sydney Pollack, 1975)

ATENCIÓN!! el siguiente texto puede contener spoilers, no recomiendo que lo leas si todavía no has visto la película.

Sinopsis: Harry Kilmer (Robert Mitchum) regresa al Japón después de una larga ausencia para ayudar a un amigo a rescatar a su hija que ha sido secuestrada. Allí se reencuentra con la que fue su compañera sentimental, una japonesa a la que tuvo que abandonar a petición de Ken (Takakura Ken), el hermano de ella, que impidió el matrimonio entre ambos. Ken odia a Kilmer por ser americano y haber convivido con su hermana, pero a la vez tiene una deuda con él por haberla salvado durante la posguerra. Kilmer le pedirá que salde dicha deuda ayudándole a rescatar a la hija de su amigo.

Comentario:
Honor, lealtad, honradez, amistad, amor, sacrificio,….¿qué sentido pueden tener tales términos hoy en día? Vivimos en un mundo donde el amor se compra y se vende, la amistad se ha convertido en una asociación de intereses mutuos o parasitarios, la honradez se acepta más como un defecto que como una virtud, el honor y la lealtad ya ni se sabe lo que son…
La linea argumental de “Yakuza” gira en gran medida en torno a estos conceptos. Estamos ante una atípica historia de perdedores a los que la vida ha golpeado tan duro que nos les queda mucho que perder, de un trágico triángulo amoroso y de dos personas que, por lo mucho que se deben mutuamente, no tienen otro camino más que acabar respetándose profundamente y convirtiéndose en amigos auténticos.

“Yakuza” es una película de factura impecable. La dirección es correcta, el guión prodigioso, las interpretaciones magníficas, incluso la banda sonora es realmente buena.
En su momento, el film pasó desapercibido, no obtuvo ningún premio, ni gran éxito entre público y crítica. No obstante, en estos tiempos de remakes, plagios y bodrios diversos, uno se pregunta que ocurriría si se estrenara una película como esta.

Hagamos un pequeño análisis de los personajes:
- Harry Kilmer (Robert Mitchum): al poco de empezar la película, Kilmer recibe una llamada de su amigo Tanner. Al ser interrogado sobre su situación, responde “estoy cuidando de un amigo enfermo”. Este detalle, que puede parecer trivial, sirve para definir en gran medida al personaje: Kilmer es un hombre honrado, de buen corazón, sacrificado, solitario en el fondo, con un toque de melancolía y, como descubriremos más adelante, con una ingenuidad casi adolescente. A pesar de ello, no cae en las sensiblerías tan en boga en el cine actual, y sabe actuar como un auténtico “tipo duro” cuando las circunstancias lo requieren. En mi opinión, Mitchum compone el mejor trabajo de su larga carrera. Destacaría especialmente las últimas escenas de la película, en las que unos breves gestos expresan más que un largo diálogo. Personalmente creo que en dichas escenas actuó ayudado por la ingesta de sustancias etílicas, algo habitual en el bohemio Robert.
- Tanaka Ken (Takakura Ken): su hermano lo define como “un hombre antiguo de un país que ya no existe”. Me parece una descripción muy acertada. Hombre atormentado, honorable y sacrificado, creo que es el personaje que más evoluciona durante la película, superando sus prejuicios y comprendiendo que, las fronteras son a menudo arbitrarias, alienantes y empobrecedoras, y las diferencias culturales pueden llegar a unir más de lo que separan.
- Eiko (Keiko Kishi): por encima de su nacionalidad y de su cultura, Eiko es, ante todo, una madre, y actúa como lo haría (casi) cualquier madre del mundo. Mi opinión es que, en ningún momento llega a amar a Kilmer. Podría decirse que se aprovecha de la ingenuidad del norteamericano para conseguir sus fines, pero en realidad su sentimiento es de una profunda gratitud.
Si hubiese que personalizar tres virtudes fundamentales, Kilmer sería la generosidad, Ken el honor y Eiko el sacrificio.

Lo mejor: las interpretaciones de los dos principales protagonistas, y en particular, la tremenda química entre ambos.
Lo peor: el personaje de Dusty (Richard Jordan). No tiene más sentido que ayudar a que el espectador occidental comprenda algunos entresijos de la cultura nipona.
Las frases: “Tanaka Ken, nadie tiene un amigo mejor”.

lunes, 22 de febrero de 2010

Presentación.

Durante los últimos años intenté mantener diversos blogs sobre algunas de las temáticas que más me interesan. Finalmente he decidido concentrar todo el contenido en uno sólo, e ir alternando los diversos temas.

¿Qué sentido puede tener escribir un diario público que probablemente nadie lea? Creo que la principal razón del éxito de los blogs estriba en la inherente necesidad de expresarnos con libertad. Siempre me ha llamado poderosamente la atención ese rinconcito del Hyde Park londinense llamado Speakers Corner, donde todo aquel que lo desee puede expresarse libremente ante la curiosa mirada de los transeuntes. Las nuevas tecnologías han democratizado en gran medida ese privilegio, proporcionando al mismo tiempo la seguridad del anonimato.